Quedar con desconocidos da miedo. Quedar con tu cuadrilla y otra cuadrilla, no. En Planazo la cara pública es el grupo: lo que hacéis juntos, los planes que montáis y cómo os salen.
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Abres la app sin cuenta y ya hay veinte: con su foto, su zona, quién va y la nota del grupo que lo monta. En lista o en un mapa.
Quién va y quién no. Quién lleva la nevera. Quién puso el dinero y quién debe a quién. Hoy eso vive en cuatro sitios a la vez: el grupo de WhatsApp, una nota del móvil, un Excel que abrió alguien y la memoria de quien se acuerde.
Cada uno apunta lo que pagó y entre quiénes se reparte. La app calcula el mínimo de transferencias que dejan a todo el mundo a cero: cuatro gastos entre siete personas no son veintiún pagos, son dos. Y con la foto del ticket, para el «¿y estos 87 € de qué eran?» de tres semanas después.
Nada de contar corazones en un grupo. Tres respuestas —voy, en duda, no voy— y una fecha tope: quien no conteste pasa a «no voy» solo, con aviso. Así las plazas son plazas.
La lista de cosas con dueño y cantidades. Lo que sigue sin dueño se ve en ámbar, que es lo que evita llegar con tres neveras y ninguna silla.
En Planazo no hay seguidores ni «me gusta»: lo que sube es lo que haces. Y son tres y no una porque casi nadie es bueno en las tres — hay quien monta todos los planes, quien va a todo sin organizar nunca y quien deja contado cada sitio al que va. Un solo número los mezclaría y no diría ninguno.
Sube con los planes que montas tú y se hacen de verdad. Es la escalera más corta, porque es el trabajo que nadie quiere hacer.
Sube con los planes a los que vas. Aparecer también cuenta, y aquí se nota quién aparece.
Sube con lo que cuentas de ellos: la nota que pones, lo que escribes y las fotos que traes de vuelta.
La reputación es de la cuadrilla, y la ponen los grupos con los que habéis quedado. Se nota al proponer un plan abierto: se apunta más gente a los grupos que cumplen.
Nada de esto lo escribes tú: sale de lo que ha pasado. Y los planes verificados son los que alguien confirmó en la puerta, con el código de entrada.
Se valora cómo salió el plan. La nota es del grupo, nunca de nadie en concreto.
La ubicación se usa mientras miras el mapa y se queda en tu móvil. No llega a ningún servidor.
Ni píxeles, ni cookies de seguimiento, ni datos vendidos a nadie.
Nunca, y menos de forma automática.
Quién va, dónde, a qué hora, quién lleva el hielo y cuánto puso cada uno. Todo en el mismo sitio, y sin que nadie se entere tarde.